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Sentimiento patológico del deber

La psicología patológica consiste en la rama de psicología que estudia los estados anormales de nuestra mente, sirviendo de apoyo a la psicología habitual.

El método patológico, consiste en variar el ambiente natural, en el cual reside el individuo, para provocarle una determinada reacción, o incluso quirúrgicamente alterar el ambiente en el cual vive, en seres humanos la intervención quirúrgica es escasamente aplicable, salvo por accidente o grave enfermedad.

Pero hoy no navegaremos por el mundo de la psicología patológica, seguiremos viajando por los diversos fallos de la mente, de la mano de Ramiro Calle y su libro "Las zonas oscuras de tu mente”.

Es muy cierto que todos debemos ser responsables, todos tenemos obligaciones y deberes que no podemos eludir, además de tener la obligación de cumplir, pero cuando estos deberes se convierten en patológicos, en lugar de ser un beneficio el cumplir nuestras obligaciones, estas se convierten en un grave problema.

Hay personas que no encuentran su propia identidad, pero como la mente es muy lista (ese "maravilloso” automático que posee), nos monta subterfugios para hacernos caminar, pero en este caso, en lugar de hacernos crecer mentalmente y con nuestros actos realizar lo que nosotros realmente deseamos, se agarra a un proyecto ajeno o simplemente idealizamos una imagen y nuestra única misión en la vida será servir a esa imagen o ese proyecto.

Cuando la persona es atrapada por esa obligación exagerada, puede llegar a estar esclavizada por ese deber exacerbado, sin darse cuenta que ese deber es causa de querer escaparse de la realidad, siguiendo modelos de su niñez, una pobre identidad, inseguridad, auto castigo o una simple evasión del entorno próximo o de las relaciones personales.

El deber, cuando la persona no tiene los recursos en su mente para enfrentarse al deber, este puede ser una carga insoportable que le genera inquietud y angustia.

No es lo mismo hacer algo que se tiene que hacer, de forma rígida e intolerante, que hacerlo porque hay que hacerlo, pero con un margen, de hacerlo ahora o posponerlo ante otra cuestión que sea más importante en ese momento, sin tener que padecer el sentimiento de culpa.

El sentimiento compulsivo del deber puede esconder tendencias egocéntricas, necesidad de afirmar la personalidad, así como un afán perfeccionista.

Todo esto genera una asfixia, bloqueando las energías de la persona, frustrando sus deseos, su libertad y su disfrute, llegando a imponerse castigos correctivos, violentándose ella misma.

El sentimiento patológico del deber llega a obligar a hacer lo que se debe, olvidando lo que se quiere, llegando a perder el disfrute de la vida, viviendo en una vida oprimida por el deber.

Puede llegar a imponer a los que le rodean (familiares o conocidos) su sistema de obligación hacia el deber, queriendo que los demás reaccionen como él.

Como en todas las ocasiones no es posible estar a la altura del deber, si no lo consigue se culpa de lo que no pudo hacer, tirando por los suelos la valoración de su yo interno.

En la vida afectiva de las personas con el sentimiento patológico del deber suelen haber muchas contradicciones, contradicciones tales que no saben si sus sentimientos son reales o simplemente son su obligación.

 

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